¿Y AHORA, QUÉ?

FINALIZARON LOS FESTEJOS DEL CENTENARIO.

Aún flotan entre los habitantes de nuestro pueblo los comentarios originados por los diversos actos realizados con motivo del Centenario de Ingeniero Luiggi. Al margen de las opiniones personales que, nacidas en consonancia con la fuerza de las simpatías propias de cada individuo pueden diferir dándole al hecho distintas categorías de éxito, y sobre las cuales ésta página -fiel a sus principios de imparcialidad- no abre juicio de ninguna naturaleza, es indudable que el entusiasmo que despertó la serie de actos y hechos programados alcanzó una relevancia no observada anteriormente.

Resulta fácil, naturalmente, abrir en este momento juicio sobre el resultado de cada uno de los actos programados. Muchos piensan que hubieran tenido más brillo si se hubiera actuado de alguna otra manera en especial, lógicamente distinta a la elegida por los organizadores y otros, en la comodidad de considerar hechos consumados, piensan que lo hecho fue poco y se debería haber arriesgado más. Pero los actos deben juzgarse situándose en el momento y el entorno en que fueron pensados. Y, si esto ocurre, sobre este tema no queda mucha tela para cortar.

El Centenario de Ingeniero Luiggi, nos ha dejado por lo menos una enseñanza: que la unión por lograr un objetivo continúa siendo el secreto para obtener logros positivos. ¿Será éste el verdadero legado del Centenario? Puede ser, pero ante todo debemos aceptar que al considerar este hecho como enseñanza, pecamos de olvidadizos, porque no resulta ser un aprendizaje el volver a descubrir lo conocido: demasiado bien sabemos que olvidar lo ya sabido es una manera de pagar una experiencia del pasado que está ofrecida gratuitamente al costado del camino. Personalmente no cultivamos la utopía de creer en la unión general de ideas y aspiraciones, situación que no encasilla con la naturaleza de los seres humanos como entes individuales del pensamiento, pero que cada tanto y para ciertos eventos conviene unirse, no hay ninguna duda.

Más allá de las desigualdades sociales, las carencias del sistema público y los corcovos de la situación económica y financiera -que se originan y localizan en ámbitos mucho más amplios que nuestra zona de influencia-, por algunos días predominaron en la localidad destellos de excelencia como son: las calles y las veredas limpias; los frentes de muchos edificios arreglados y pintados; una nueva visión nocturna como resultado de la renovación y adecuación de luminarias; vidrieras comerciales renovadas y relucientes; edificios jerarquizados con placas en sus frentes que los declaran de interés histórico por su categoría o antiguedad; apertura de un nuevo Parque; la creación de un hito importante que en el futuro resultará ser un distintvo de la población como es el Monumento al Centenario y la inauguración de obras públicas que eran necesarias -indispensables- para lograr el desarrollo pueblerino. Estos son simplemente algunos de los hechos que impactaron más a la opinión de los vecinos y de aquellos nos visitaron con motivo del acontecimiento.

Por otro lado, casi totalmente desconocidos para la mayoría, ocurrieron los momentos de esfuerzo y dedicación protagonizados por quienes organizaron los eventos que sirvieron como marco -durante todo un año- a los festejos. Integrantes anónimos, convocados con la única aspiración de colaborar, pensaron y llevaron a un final exitoso encuentros tan espléndidos como el Desfile del Centenario, en el cual intevinieron todas las Instituciones del pueblo, o el fantástico Almuerzo del Reencuentro, donde más de cuatro mil luiggenses -mezclados con tanto amigo o familiar que nos visitó-, nos agasajamos a nosotros mismos, antes de participar en un gran Festival de Artistas nacionales. La presencia de estos colaboradores no sólo representó a instituciones y particulares: los jóvenes y los niños de las escuelas y sus docentes fueron una parte importante de los grupos formados.

Otro aspecto muy importante es la gestión cultural -se usa llamarla movida- que se gestionó a través de reuniones, conferencias, espectáculos, fotografías, filmaciones de video y nada menos que dos libros -ya agotados pero en plena reedición-, que dejaron en evidencia el interés que mantiene la población por ese tipo de manifestaciones. No podía ser distinta la respuesta de una sociedad pueblerina heredera de una historia que se enriqueció a través de cien años de esfuerzos y sacrificios.

¿Y AHORA, QUÉ?

En el ánimo de muchos luiggeneses quedó palpable la satisfacción de haber intervenido de alguna manera en los festejos. En muchos otros -aunque no quieran reconocerlo- aflora la insatisfacción de no haber ayudado y la pena que deja la oportunidad perdida. Es que unos y otros se reconocen ahora como entes capaces de encarar un compromiso de semejante categoría y entienden que pertenecer al grupo organizador de ese tipo de eventos logra, por lo menos, solventar la propia satisfacción y enaltece el concepto de valoración que todos debemos cultivar íntimamente. Si usáramos una comparación, tal vez impropia pero no por ello menos gráfica, diríamos que pueden ser comparados con engranajes que resultaron engrasados para conformar una herramienta y la misma, ahora, se encuentra sin tareas previstas para el futuro.

Menos mal que Ingeniero Luiggi, generoso con sus hijos, les dará una nueva oportunidad: durante el año venidero se cumplen cien años del momento inicial en que la Escuela Nº 76 "General Martín Rodríguez", comenzó a repartir abecedarios. En cada uno de nosotros está que no desoigamos ese llamado.  

Ultima actualización: 13/11/2011

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